Artículo| Los verdaderos culpables son los hombres que acudieron a Sister Hong por su deseo, no ella


Por Mgs. Diane Rodríguez, Psic.

El caso de Sister Hong, que sacude las redes sociales y los titulares desde China, incluso en latinoamerica, nos obliga a mirar más allá de las risas y los chismes. No está en debate que la violencia de género sigue tejiendo sus hilos invisibles, la misma que se arroga o se le atribuye únicamente a la mujer, para quienes entienden superficial, banal, vacía y torpemente. Pero hoy, el caso de Sister Hong nos pone un espejo frente a la hipocresía de una sociedad que señala sin asumir sus propias responsabilidades.

Sister Hong, cuyo nombre legal es Jiao Moumou, de 38 años en China hoy inunda de titulares de toda índole. Los medios afirman que es un hombre que se disfrazó de mujer para atraer a otros hombres a encuentros íntimos que luego grabó y vendió sin su consentimiento. En este punto desconozco si Sister Hong, era una mujer trans o simplemente era un hombre gay o bi, que optaba por usar indumentarias femeninas. De lo que podemos estar seguros es que es una persona que pertenece a las identidades de género expansivo. Su identidad o expresión de género no esta discusión desde mi análisis.

Continuando con su caso, la policía la arrestó, y aquí quiero dejar claro un punto crucial: no está siendo apresada por “haberlos engañado” puesto que en algunos videos se muestran escenas donde aparentemente es descubierta. No, el peso legal no recae en ese supuesto engaño de género, sino en delitos concretos: la producción y distribución de material obsceno (artículo 363 del Código Penal chino) y la violación de la privacidad al compartir imágenes íntimas sin permiso, protegida por la Ley de Protección de Información Personal de China. Estos son los verdaderos elementos de su aprehensión, no un juicio moral sobre su identidad.

En este sentido, afirmar que su aprehensión es por “haberlos engañado”, es tratar de minimizar el rol de los hombres lujuriosos que la buscaron. Los verdaderos culpables (moralmente) de ser expuestos hoy en redes, son los hombres que, con pleno conocimiento o negligencia, acudieron a ella. No se trata de justificar a Sister Hong, sino de señalar que la responsabilidad no puede recaer únicamente en quien desafió las normas de género, sino en quienes, movidos por sus propios deseos, participaron voluntariamente. Como dice Judith Butler en Gender Trouble (1990), “el género no es una esencia fija, sino una performance que se construye en el acto social”.

Sister Hong, al performar una identidad femenina, no cometió un crimen por sí mismo; el crimen vino de sus acciones posteriores, pero también de la complicidad de quienes cerraron los ojos ante lo evidente. ¿Es posible realmente que los hombres cis, tantos jóvenes como maduros no hayan identificado que Sister Hong era una mujer trans o una identidad de género expansivo? Desde mis estudios esto es posible hasta los 25 o 27 años. A partir de esa edad y mucho más en edades superiores las identidades trans o de género expansivo ya no somos parte del conocido cis-passing (pasar desapercibido bajo los cánones corporales y de estereotipos), o por lo menos la gran mayoría.

En China, el contexto legal para la comunidad LGBT+ y trans es un desierto de derechos. Las relaciones homosexuales no están penalizadas desde 1997, cuando se eliminó de la lista de delitos, y desde 2001 dejaron de clasificarse como enfermedad mental. Sin embargo, no hay leyes que protejan contra la discriminación por orientación sexual o identidad de género. Las personas trans pueden cambiar su género legal tras cirugías y estrictos requisitos (edad mayor a 18, diagnóstico de disforia, cinco años de solicitud, sin antecedentes penales ni matrimonio), pero esto está lejos de ser un reconocimiento pleno. Además, desde mi punto de vista, esto binariza las identidades trans (coíncidiéndolas forzozamente con lo cis), por lo que, el caso de Sister Hong ha resonado intensamente en china, lo que para Europa (Alemania, España, Paises Bajos, Suiza, etc.), Nortemérica (Canadá, EE.UU y México) y Latinoamérica (Colombia, Ecuador, Perú, Argentina, Brasil, Uruguay, Chile, etc.) es una habitualidad con respecto a las identidades trans. Al parecer, la costumbre china es que su género coincida con su sexo lo que ha sido superado en nuestros paises.

El Partido Comunista Chino, con su ideología conservadora, censura contenido LGBT+ desde 2016, prohibiendo representaciones en medios y reprimiendo activismo, como el cierre de cuentas de advocacy en 2021. Como apunta Donna Haraway en Simians, Cyborgs, and Women (1991), “las identidades son siempre relacionales, moldeadas por sistemas de poder”, y en China, ese poder aplasta cualquier disidencia de género. Además, según Riki Wilchins en Queer Theory, Gender Theory (2004), “la regulación del género no solo oprime, sino que crea jerarquías de poder que castigan a quienes se salen del guion”, un reflejo claro de la situación china.

En Ecuador, por ejemplo, vemos ecos de esta lucha. La violencia de género transgrede toda norma establecida. Al aprobar una ley cisgenerista de ‘Erradicación de Violencia de Género contra la Mujer’, debemos impulsar una similar para quienes, al romper las normas de género, enfrentamos el mismo rechazo. En EE.UU con la persecusión del movimiento Woke (impactando a nivel mundial), que únicamente no tiene que ver con identidades trans sino con la anulación de la equidad de género y la institución de la racialización; y, El Salvador con la supuesta desaparición de la fantasía de la ideología de género. Y así sucesivamente con el resto de países donde aún las identidades trans y de género expansivo si bien hemos alcanzado ciertos derechos, aún persisten la discriminación, violencia y asesinatos estructuralmente.

Los hombres que buscaron a Sister Hong no son víctimas inocentes; son partícipes de un sistema que castiga a quien rompe las reglas mientras ellos se benefician en la sombra. Butler nos enseña que “el género es una construcción regulada que produce efectos de poder”, y en este caso, el poder recae en quienes decidieron ignorar la verdad por conveniencia. No existe nada material e inmaterial que satisfaga la ira de estas injusticias, ni los gritos que puedan socavar el dolor causado, sobre todo de aquellos hombres comprometidos o casados que buscaron a Sister Hong y causaron daño a sus parejas.

Estoy de acuerdo que se desenmascare a los que buscaron a Sister Hong. Ella deberá pagar cárcel por otros delitos, por su puesto que sí, pero no por supuestamente «engañar a hombres». No se engañen ni engañen a la opinión pública. La diversidad de género no pide permiso para existir. Mientras las leyes sigan ciegas, mientras las redes la acusen y mientras se victimice a estos hombres, esa doble moral seguirá expuesta y trizada, demostrando lo que esta sociedad hipócrita niega y culpa: Sister Hong.

Mgs. Diane Rodríguez, Psic.

info@dianerodriguez.net

Bibliografia

Butler, J. (1990). Gender trouble: Feminism and the subversion of identity. Routledge.

Haraway, D. J. (1991). Simians, cyborgs, and women: The reinvention of nature. Routledge.

Wilchins, R. A. (2004). Queer theory, gender theory: An instant primer. Alyson Books.

China Law Translate. (n.d.). Criminal Law of the People’s Republic of China (Article 363). Retrieved from https://www.chinalawtranslate.com/

China Law Translate. (n.d.). Personal Information Protection Law of the People’s Republic of China. Retrieved from https://www.chinalawtranslate.com/

Wikipedia contributors. (2025, July 20). Nanjing Sister Hong incident. In Wikipedia, The Free Encyclopedia. Retrieved from https://en.wikipedia.org/wiki/Nanjing_Sister_Hong_incident

Sureboh.sg. (2025, July 10). Nanjing ‘Sister Hong’ scandal: Man arrested for secretly filming men. Retrieved from https://www.sureboh.sg/

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